Mas ¡ay! huíd: el corazón ardiente

Que el agua clara por beber se afana

Lágrimas verterá de duelo eterno,

Que su raudal lo envenenó el infierno.

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Huíd, si no queréis que llegue un día,

En que, enredado en retorcidos lazos

El corazón, con bárbara porfía

Luchéis por arrancároslo a pedazos:

En que al cielo en histérica agonía