Sombra a que descansar en tu camino,

Cuando llegabas, mísera, a perderte,

Y era llorar tu único destino:

Cuando en tu frente la implacable suerte

Grababa de los réprobos el sino...!

¡Feliz! la muerte te arrancó del suelo,

Y otra vez ángel te volviste al cielo.

Roída de recuerdos de amargura,

Árido el corazón sin ilusiones,

La delicada flor de tu hermosura