Ajaron del dolor los Aquilones:

Sola, y envilecida y sin ventura,

Tu corazón secaron las pasiones,

Tus hijos, ¡ay! de ti se avergonzaran,

Y hasta el nombre de madre te negaran.

265

Los ojos escaldados de tu llanto,

Tu rostro cadavérico y hundido,

Único desahogo en tu quebranto,

El histérico ¡ay! de tu gemido: