Al más temerario corazón de acero

Recelo inspirara, pusiera pavor;

Al más maldiciente feroz bandolero

El rezo a los labios trajera el temor.

Mas no al embozado, que aun sangre su espada

Destila, el fantasma terror infundió,

Y el arma en la mano con fuerza empuñada,

Osado a su encuentro despacio avanzó.

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Segundo Don Juan Tenorio,