Mas ¡ay! volad, huíd, engañadoras
Sombras, por siempre; mi postrero día
Ha llegado, perdón, perdón, ¡Dios mío!
Si aun gozo en recordar mi desvarío.
«Y tú, Don Félix, si te causa enojos
Que te recuerde yo mi desventura,
Piensa están hartos de llorar mis ojos
Lágrimas silenciosas de amargura.
Y hoy, al tragar la tumba mis despojos,