DOÑA MATILDE. Creí que no acababa usted de llegar nunca.

DON EDUARDO. Amanece todavía tan tarde … y a no haber venido sin afeitarme….

DOÑA MATILDE. ¡Oh! eso no; hubiera sido imperdonable en un día tan solemne, como lo es éste, el que usted se hubiera presentado con barbas.

DON EDUARDO. Y sobre todo, hubiera sido poco limpio.

DOÑA MATILDE. Si usted hubiera tenido que viajar en posta tres o cuatro días con sus noches … como a otros les ha sucedido … para poder llegar a tiempo de arrancar a sus queridas del altar en que un padre injusto las iba a inmolar … ya era otra cosa … y aun cierto desorden en la toilette, hubiera sido entonces de rigor; pero como usted viene sólo de su casa….

DON EDUARDO. Que está a dos pasos de aquí, en la calle de Cantarranas.

DOÑA MATILDE. Por lo mismo ha hecho usted bien en afeitarse y en … mas a lo menos trataremos de recuperar el tiempo perdido. ¿Bruno?

BRUNO. ¿Señorita?

DOÑA MATILDE. Anda, y dile a papá que el Sr. D. Eduardo de Contreras desea hablarle de una materia muy importante.

BRUNO. No creo que el amo se haya despertado todavía.