DOÑA MATILDE. Que ya papá no se sorprenderá, y que la escena pierde por lo mismo una gran parte de su efecto.

DON EDUARDO. En cuanto a mí, le protesto a usted, Matilde, que me alegro mucho de que Bruno haya en cierto modo preparado a su papá de usted para lo que voy a decirle; porque ahora tendré menos cortedad, y podré desde luego entrar en materia.

DOÑA MATILDE. Bueno…. Si a usted le parece así, mejor….

BRUNO. Ya siento al señor en la escalera.

DOÑA MATILDE. ¡Ay Dios…. qué susto!… ¡No sé lo que por mí pasa!… ¿Me he puesto muy pálida? Me voy, me voy a mi cuarto … a suspirar … a llorar … a ponerme un vestido blanco…. Ven tú también Bruno … y el pelo a la Malibrán…. ¡Oh, y qué crisis!… Allí esperaré a que mi padre me llame…. ¡La crisis de mi vida! … porque siempre me llama en tales casos … ánimo Eduardo … valor … resignación … si habrá planchado anoche la Juana mi collereta a la María Estuardo … sobre todo confianza en mi eterno cariño. (Vase, llevándose tras sí a Bruno)

BRUNO. Señorita, que me desgarra usted la solapa.

ESCENA V

DON EDUARDO Y LUEGO DON PEDRO

DON EDUARDO. ¡Muchacha encantadora! Es lástima por cierto que haya leído tanta novela, porque su corazón….

DON PEDRO. Buenos días, Sr. D. Eduardo, muy buenos días ¡y qué temprano tenemos el gusto de ver a usted en esta su casa!