DON EDUARDO. Entonces advinará usted también que el objeto de mi visita es….
DON PEDRO. El de pedirme su mano. ¿No es ése?
DON EDUARDO. Ése mismo; y si fuera yo tan dichoso que reuniera a los ojos de usted aquellas circunstancias….
DON PEDRO. Muchas reune usted, por vida mía, Sr. D. Eduardo: nacimiento ilustre, mayorazgo crecido, educación, talento, moralidad….
DON EDUARDO. Usted me confunde, Sr. D. Pedro.
DON PEDRO. Y el ser sobre todo sobrino y heredero de mi mejor amigo … de ahí que yerno más a mi gusto sería muy difícil que se me presentase.
DON EDUARDO. ¿Entonces puedo esperar?
DON PEDRO. Pero mi hija es la que se casa, yo no; ella es pues, la que ha de juzgar si usted….
DON EDUARDO. ¡Oh, Sr. D. Pedro, y qué feliz soy! La amable, la hermosa
Matilde, me corresponde, no lo dude usted, y está en el secreto, y….
DON PEDRO. Tanto mejor, amigo mío, y ahora vamos a ver, porque, con el permiso de usted, la haré llamar; en presencia de usted consultaremos su gusto y su voluntad.