BRUNO. Cierto … ya que usted exige absolutamente….

DON EDUARDO. ¡Oh! ¡Qué fortuna!

BRUNO. ¡Fortuna!

DON EDUARDO. La de no morirme aquí de repente al oír semejante desengaño.

BRUNO (aparte). ¡Qué lástima me da!

DON EDUARDO. ¿Y D. Pedro, por supuesto se serviría de palabras agrias y malsonantes?

BRUNO. Oh no señor; el amo es incapaz de….

DON EDUARDO. Pero al menos se expresaría … así … con cierta sequedad … ¿eh?

BRUNO. Oiga usted, no necesita uno humedecerse mucho la boca para decir "no quiero".

DON EDUARDO. ¡Y bien, tanto mejor!