DON EDUARDO. ¿Se enternece usted?

BRUNO. También a mí me empiezan a escocer los ojos, si vamos a eso.

DOÑA MATILDE. Ciertamente que no puedo menos de agradecer y admirar el que vaya así a exponerse por mi causa a tantos peligros un joven de tales esperanzas, tan rico….

DON EDUARDO. ¿Yo rico?

DOÑA MATILDE. Contando con la herencia del tío….

DON EDUARDO. No hay duda que he podido ser rico, pero….

DOÑA MATILDE. ¿Pero qué?

DON EDUARDO. Nada, nada.

DOÑA MATILDE. Explíquese usted.

DON EDUARDO. Son cosas mías, que ya no pueden interesar a usted.