ESCENA PRIMERA

DON PEDRO Y DOÑA MATILDE

DOÑA MATILDE. Por Dios, papá, déjese usted ablandar.

DON PEDRO. No, no; nunca consentiré en semejante bodorrio.

DOÑA MATILDE. ¿Pues no lo aprobaba usted antes?

DON PEDRO. No sabía entonces lo que sé ahora.

DOÑA MATILDE. ¿Pero qué sabe usted?

DON PEDRO. Mil cosas … sé en primer lugar que tu D. Eduardo no tiene un ochavo.

DOÑA MATILDE. ¿Y ése es acaso gran defecto?

DON PEDRO. No te lo parece a ti ahora, que te sientas, por ejemplo, a la mesa, y si hay tortilla comes tortilla, sin informarte siquiera de a cómo va la docena de huevos; pero cuando seas ama de casa y veas volver a Toribio con la esportilla vacía, porque tu marido no dejó una blanca con que llenarla, ya verás entonces si se te cae la baba por la gracia.