DOÑA MATILDE. Que D. Eduardo me trajo esta mañana.

BRUNO. ¡Habrá bribón!

DOÑA MATILDE. A petición mía … porque una mujer desgraciada no puede estar sin un poco de veneno en su ridículo.

BRUNO. Maldita la necesidad que veo yo de eso….

DOÑA MATILDE. A grandes males, grandes remedios … así … tenlo por cierto … si das otro paso hacia la puerta con tan vil propósito, ni una píldora dejo de todo el cuarterón que no me trague.

BRUNO. ¡Condenadas boticas!

DOÑA MATILDE. Y me verás caer aquí redonda, lo mismo que si me hubieras dado un trabucazo.

BRUNO. No haga usted tal … tenga usted compasión de su pobre padre y de mí….

DOÑA MATILDE. Tenla tú de la desventurada Matilde.

BRUNO. Yo … sí … pero….