DON EDUARDO. Ya lo creo; no cenaste anoche.
DOÑA MATILDE. ¡Qué descuido el tuyo!… no tener siquiera un bocado de pan en casa.
DON EDUARDO. Como nunca tienes apetito en semejantes días….
DOÑA MATILDE. Ya, pero … ¿y tú?
DON EDUARDO. Oh, lo que es por mí no te inquietes, y si no te enfadaras te confesaría….
DOÑA MATILDE. ¿Qué?
DON EDUARDO. Que por lo que podía tronar, me forré el estómago con un buen par de chuletas antes de ir a buscarte.
DOÑA MATILDE. ¡Pues estuvo bueno el chiste!
DON EDUARDO. Ya pienso que puedes arrimar la chocolatera al fuego.
DOÑA MATILDE. ¡Y qué enorme armatoste!