DON EDUARDO. ¿No esperabas el que los muebles, aunque pocos y sin embutidos, fueran siquiera de caoba y nuevos? el que hubiera cortinas de muselina blanca, aunque sin guarniciones ni flecos?
DOÑA MATILDE. No, eso no … ya sé yo que la caoba y la muselina no se han hecho para casas pobres … pero hay muebles bastante bonitos de cerezo o de nogal … hay cortinas muy baratas de percal o de zaraza … y si juntas a eso unas paredes recién blanqueadas, unos pisos muy fregados, unas ventanas con sus correspondientes tiestos de flores, y otras bagatelas semejantes que cuestan poco o nada, resultará de todo cierta elegancia en la misma pobreza, que….
DON EDUARDO. Dime, Matilde, ¿has entrado en muchas casas pobres?
DOÑA MATILDE. En la de la vieja de la Alameda….
DON EDUARDO. Ya me lo sospechaba yo….
DOÑA MATILDE. Y además he leído mil descripciones muy verídicas, y por ellas….
DON EDUARDO. ¡Que se va el chocolate!
DOÑA MATILDE. ¿Qué dices?
DON EDUARDO. Quítalo presto de la lumbre.
DOÑA MATILDE. ¡Ay!