MARQUESA. Qué disparate; una cosa es hacer telégrafos por entre las ventanas, y otra cosa es casarse.

DOÑA MATILDE. Pero supongo que siempre te habrás casado enamorada de tu marido.

MARQUESA. No lo creas … ni le ví hasta que todo estaba tratado y firmado.

DOÑA MATILDE. ¿Y eres dichosa?

MARQUESA. Así, así … tengo coche … dos mil reales al mes de alfileres … y en cuanto a mi marido … es como todos los maridos, ni feo, ni bonito, ni … tu suerte, Matilde, es la que no me parece muy envidiable.

DOÑA MATILDE. Al contrario … ayer me casé con el hombre que adoraba.

MARQUESA. ¡Calla! ¿Serías tú acaso la novia que estuvo a pique de acostarse anoche a oscuras?

DOÑA MATILDE. Verdad es que….

MARQUESA. ¡Ja, ja!… y que no tuvo que cenar…. (Riéndose) ¡ja, ja!… Vaya, quién me hubiera dicho cuando las criadas me contaban al desnudarme tu fracaso, ¡ja, ja!…

DOÑA MATILDE. ¡Clementina!