ELISA. Mírame.

JUANA. Ya te miro.

ELISA. ¿Qué tal te parezco?

JUANA. Pasaderilla.

ELISA. ¿Nada más?

JUANA. ¡Ay, qué fatua!

ELISA. Sería hacerme poco favor suponer que Antonio puede enamorarse de otra tan fácilmente.

JUANA. Es que para un marido toda mujer lleva a la suya una gran ventaja.

ELISA. ¿Cuál?

JUANA. La de no ser suya.