Desmayado á un rincón marchito y laso:
Que á sus diez libros de Fortuna andaba
Añadiendo otros diez, y el tiempo escoge,
Que más desocupado se mostraba.
Gritó la chusma toda: Al mar se arroje,
Vaya LOFRASO al mar sin resistencia.
—Por Dios, dijo Mercurio, que me enoje.
¿Cómo? ¿y no será cargo de conciencia,
Y grande, echar al mar tanta poesía,
Puesto que aquí nos hunda su inclemencia?