Ya de mi fe, ya de mi amor tan luengo,

Que Fili sabe bien quan firme ha sido,

Ya del fiero dolor con que he vivido,

Y en quien la vida á mi pesar sostengo;

Otro más dulce galardon no quiero,

Sino que Fili un poco alce los ojos

A ver lo que mi rostro le figura:

Que si le mira, y su color primero

No muda, y aun quizá moja sus ojos,

Bien serán más que piedra helada y dura. (p. 17)