—¿Viene usted de Madrid?
25 —No, señor. Hace veinticinco años que estuve en la corte
por primera y última vez.
—¿Viene usted de Tierra Santa?
—No, señor. No me da por ahí.[[104-3]]
—¿Conoce usted a un abogado de Ugíjar llamado D. Matías
30 de Quesada?
—No, señor; yo detesto a los abogados y a toda la gente
de pluma.
—Pues, entonces, ¿cómo ha llegado a poder de usted ese
pergamino?
(p105)
Jaime Olot guardó silencio.
—¡Eso me gusta! ¡veo que no quiere usted mentir!—exclamó
el Alcalde.—Pero también es cierto que D. Matías de
Quesada me engañó como a un chino,[[105-1]] robándome dos onzas
05 de oro, y vendiendo luego aquel documento a alguna persona
de Melilla[[105-2]] o de Ceuta.... ¡Por cierto que, aunque usted
no es moro, tiene facha de haber estado por allá!
—¡No se fatigue usted ni pierda el tiempo! Yo le sacaré
a usted de dudas. Ese abogado debió de enviar el manuscrito
10 a un español de Ceuta, al cual se lo robó hace tres semanas el
moro que me lo ha traspasado a mí....
—¡Toma! ¡ya caigo! Se lo enviaría a un sobrino que
tiene de músico[[105-3]] en aquella catedral..., a un tal Bonifacio
de Tudela....