—Ese hombre—decía—con quien usted estaba encerrado
25 ... no sé por qué, hablando de ... no sé qué asunto, es el
célebre gallego Juan Falgueira, que degolló y robó hace quince
años a unos señores, de quienes era mulero, en cierta casería
de la vega de Granada, y que se escapó de la capilla la víspera
de la ejecución vestido con el hábito del fraile que lo auxiliaba,
30 a quien dejó allí medio estrangulado. El mismísimo Rey
(q.D.g.[[107-2]] recibió hace quince días una carta de Ceuta,
firmada por un moro llamado Manos-gordas, en que le decía
que Juan Falgueira, después de haber residido largo tiempo en(p108)
Orán y otros puntos de África, iba a embarcarse para España,
y que sería fácil echarle mano[[108-1]] en Aldeire del Cenet,
pensaba comprar una torre de moros y dedicarse a la minería....
Al propio tiempo el Cónsul español en Tetuán escribía a
05 nuestro Gobierno participándole que una mora llamada Zama
se le había presentado quejándose de que el renegado español
ben-Munuza, antes Juan Falgueira, acababa de embarcarse
para España después de asesinar al moro Manos-gordas, marido
de la querellante, y de haberle robado cierto precioso pergamino....
10 Por todo ello, y muy principalmente por el atentado
contra el fraile en la capilla, S.M. el Rey ha recomendado
con particular encarecimiento a la Chancillería[[108-2]] de Granada la
captura del tal facineroso y su inmediata ejecución en aquella
misma capital.

15 Imagínese el que leyere el espanto y asombro de todos los
que oyeron esta relación, así como la angustia del tío Hormiga,
a quien no podía caber ya duda de que el pergamino estaba en
poder de aquel hombre ¡sentenciado a muerte!

Atrevióse, pues, el codicioso Alcalde, aun a riesgo de comprometerse
20 más de lo que ya estaba, a llamar a un lado a Juan
Falgueira y a hablarle al oído, bien que anunciando antes al
concurso que iba a ver si lograba que confesase a Dios y a los
hombres sus delitos. Pero lo que hablaron en realidad ambos
socios fué lo siguiente:

25 —¡Compadre![[108-3]]—dijo el tío Hormiga.—¡Ni la Caridad[[108-4]]
lo salva[[108-5]] a usted! Pero ya conoce que será lástima que ese
pergamino se pierda.... ¡Dígame dónde lo ha escondido!

—¡Compadre!—respondió el gallego.—Con ese pergamino,
o sea[[108-6]] con el tesoro que representa, pienso yo negociar
30 mi indulto. Proporcióneme usted la Real gracia, y le entregaré
el documento; pero, por lo pronto,[[108-7]] se lo ofreceré a los
jueces para que declaren que mi crimen ha prescrito[[108-8]] en estos
quince años de expatriación....
(p109)
—¡Compadre!—replicó el tío Hormiga—es usted un
sabio, y celebraré que le salgan bien todos sus planes. Pero,
si fracasan, ¡por Dios le pido que no se lleve a la tumba un
secreto que no aprovechará a nadie!

05 —¡Vaya si me lo llevaré![[109-1]]—contestó Juan Falgueira
—¡De algún modo me he de vengar[[109-2]] del mundo!

—¡Vamos andando![[109-3]]—gritó en esto el alguacil, poniendo
término a aquella curiosa conferencia.

Y, cargado que fué de grillos y esposas el condenado a
10 muerte, salieron con él los curiales y los soldados en dirección
a la ciudad de Guadix, de donde habían de conducirlo a la de
Granada.

—¡El demonio! ¡El demonio!—seguía diciendo la mujer
del tío Juan Gómez una hora después, al colocar de nuevo el
15 lomo y la longaniza en sus respectivas orzas.—¡Malditos sean
todos los tesoros habidos y por haber![[109-4]]

XV