El infeliz se levantó lentamente.

05 —Pronto.... ¡Márchese V.!—repitieron todos volviéndole
la espalda.

El segador alargó la mano maquinalmente.

—¿Te parece poco? (gritó uno.)—¡Pues no quiere su
10 dinero![[8-1]]—Vaya..., vaya.... ¡No nos tiente V. la paciencia!
El pobre padre se alejó llorando, y a poco desapareció.

Media hora había transcurrido, empleada por los ladrones
en jurarse unos a otros no decir nunca a su capitán que habían
perdonado la vida a un hombre, cuando de pronto apareció
Parrón, trayendo al segador en la grupa de su yegua.

15 Los bandidos retrocedieron espantados.

Parrón se apeó muy despacio, descolgó su escopeta de dos
cañones, y, apuntando a sus camaradas, dijo:

—¡Imbéciles! ¡Infames! ¡No sé cómo[[8-2]] no os mato a
todos!—¡Pronto! ¡Entregad a este hombre los duros que
20 le habéis robado![[8-3]]

Los ladrones sacaron los veinte duros y se los[[8-4]] dieron al
segador, el cual se arrojó a los pies de aquel personaje que
dominaba a los bandoleros y que tan buen corazón tenía....

Parrón le dijo: