25 —¡A la paz de Dios![[8-5]]—Sin las indicaciones de V., nunca
hubiera dado con ellos. ¡Ya ve V. que desconfiaba de mí sin
motivo!... He cumplido mi promesa.... Ahí tiene V.
sus veinte duros....—Conque ... ¡en marcha!
El segador lo abrazó repetidas veces y se alejó lleno de júbilo.
30 Pero no habría andado[[8-6]] cincuenta pasos, cuando su bienhechor
lo llamó de nuevo.
El pobre hombre se apresuró a volver pies atrás.[[8-7]]
—¿Qué manda V.?—le preguntó, deseando ser útil al que
había devuelto la felicidad a su familia. (p9)
—¿Conoce V. a Parrón?—le preguntó él mismo.
—No lo conozco.
—¡Te equivocas! (replicó el bandolero.) Yo soy Parrón.
El segador se quedó estupefacto.[[9-1]]
05 Parrón se echó la escopeta a la cara[[9-2]] y descargó los dos
tiros contra el segador, que cayó redondo[[9-3]] al suelo.
—¡Maldito seas![[9-4]]—fué lo único que pronunció.
En medio del terror que me quitó la vista, observé que el
árbol en que yo estaba atado se estremecía ligeramente y que
10 mis ligaduras se aflojaban.