Una de las balas, después de herir al segador, había dado en
la cuerda que me ligaba al tronco y la había roto.

Yo disimulé que estaba libre, y esperé una ocasión para
escaparme.

15 Entretanto decía Parrón a los suyos, señalando al segador:

—Ahora podéis robarlo.—Sois unos imbéciles..., ¡unos
canallas![[9-5]] ¡Dejar a ese hombre, para que se fuera, como se
fué, dando gritos por los caminos reales!... Si conforme
soy yo[[9-6]] quien se[[9-7]] lo encuentra y se entera de lo que pasaba,
20 hubieran sido los migueletes[[9-8]] habría dado vuestras señas y las
de nuestra guarida, como me las ha dado a mí, y estaríamos ya
todos en la cárcel!—¡Ved las consecuencias de robar sin
matar!—Conque basta ya de sermón y enterrad ese cadáver
para que no apeste.

25 Mientras los ladrones hacían el hoyo y Parrón se sentaba a
merendar dándome la espalda,[[9-9]] me alejé poco a poco del árbol
y me descolgué al barranco próximo....

Ya era de noche. Protegido por sus sombras salí a todo
escape,[[9-10]] y, a la luz de las estrellas, divisé mi borrico, que comía
30 allí tranquilamente, atado a una encina. Montéme en él, y
no he parado hasta llegar aquí....

Por consiguiente, señor, déme V. los mil reales, y yo daré las
señas de Parrón, el cual se ha quedado con[[9-11]] mis tres duros y medio.... (p10)
Dictó el gitano la filiación del bandido; cobró desde luego
la suma ofrecida, y salió de la Capitanía general, dejando asombrados
al Conde del Montijo y al sujeto, allí presente, que nos
ha contado todos estos pormenores.

05 Réstanos ahora saber si acertó o no acertó Heredia al decir
la buenaventura a Parrón.

III

Quince días después de la escena que acabamos de referir,
y a eso de las nueve de la mañana, muchísima gente ociosa
presenciaba, en la calle de San Juan de Dios y parte de la de
10 San Felipe de aquella misma capital, la reunión de dos compañías
de migueletes que debían salir a las nueve y media en
busca de Parrón, cuyo paradero, así como sus señas personales
y las de todos sus compañeros de fechorías, había al fin averiguado
el Conde del Montijo.