Todos los días mato cinco o seis rengíferos, los despedazo y
conservo la carne entre los témpanos de hielo.

Así se conservará incorrupta hasta el año que viene.

25 También hago provisión de combustibles. No tengo hacha;
pero el frío me sirve de leñador. Todas las noches crujen algunos
árboles y saltan hechos astillas por el rigor de la helada,
y yo traslado a mi gruta cada mañana miles de estos fragmentos,
que alimentarán mi hogar hasta que me muera.

30 Voy, pues, a entablar una insensata lucha con el invierno.(p113)
¡Porque deseo vivir y volver al lado de los hombres! ¡Porque
la soledad me ha vuelto cobarde!... ¡Porque adoro la
vida!...

III

El frío es ya irresistible....

05 Ha llegado el momento de encerrarme en las entrañas de esa
peña; de incrustarme en su centro como un marisco en su
concha.

Antes de sepultarme en la que acaso será efectivamente mi
tumba; antes de vestirme esa mortaja de piedra, quiero despedirme
10 del mundo, de la Naturaleza, de la luz, de la vida....

Camina el sol tan poco elevado en el horizonte, que desde
que sale hasta que se pone no hace más que recorrer su ocaso[[113-1]]
como luminoso fantasma que da vueltas alrededor de su
sepulcro.

15 Sus rayos pálidos y horizontales reverberan tristemente sobre
el mar.