Las aguas empiezan a rizarse.... Pronto quedarán encadenadas
por el hielo.
La bóveda celeste ostenta un azul cárdeno y sombrío, que la
20 hace aparecer como más distante de la Tierra.
El soplo del aquilón quema y marchita las tristes flores que
osaron desplegar aquí sus encantos, y ata con lazos de cristal el
curso de los torrentes.... ¡Helos ya mudos, inmóviles, petrificados
en sus enérgicas actitudes, como trágicos héroes esculpidos[[113-2]]
25 en mármol!...
Reina un silencio sepulcral, un silencio absoluto. No se oye
ni canto de ave, ni rumor de corriente, ni suspiro de brisa, ni
columpio de planta....
¡Ni movimiento ni ruido!... ¡Nada! El mutismo del
30 no ser: he aquí todo. La eternidad y lo infinito deben de parecerse
a estas monótonas soledades, a estos páramos de inacción
y muerte.
(p114)
El calor de mi sangre, los latidos de mi corazón, el soplo de
mi aliento, el eco de mis pasos, son los únicos síntomas de vida
que ofrece la Naturaleza. Me creo, pues, solo en un mundo
cadáver, en un planeta posterior a su Apocalipsis;[[114-1]] en la Tierra
05 misma, pasado el Juicio final....
Hoy tiene el día diez y seis minutos.
Mañana no saldrá el sol.
Mañana me ocultaré yo por seis meses; él por tres.
¡Oh, sol! ¿ Volveremos a vernos?
10 ¡Qué frío tan espantoso!...
La humedad del aire se convierte en agujas de hielo que
punzan mi semblante.