—¿Y la vida?

15 —Dices bien: hazte comandante.... (exclamó Ramón.)
La paga no es humo..., sino después que uno se la ha[[17-3]]
fumado....—¡Ay! ¡Todo eso acabó para mí!

—¡Qué tristes ideas! (dije yo no sin susto.)—Mañana sobreviviremos
los dos a la batalla.

20 —Pues emplacémonos para después de ella....

—¿Dónde?

—En la ermita de San Nicolás, a la una de la noche.—El
que no asista,[[17-4]] será porque haya muerto.—¿Quedamos
conformes?

25 —Conformes.

—Entonces.... ¡Adiós!...

—Adiós.

Así dijimos; y después de abrazarnos tiernamente, Ramón
desapareció en las sombras nocturnas.