20 Sonó la una de la noche de tan aciago día: ¡la hora de mi
cita con Ramón!
Yo estaba encerrado en un calabozo de la cárcel pública de
dicho pueblo.
Pregunté por mi amigo, y me contestaron:
25 —¡Es un valiente! Ha matado a un Teniente Coronel.
Pero habrá perecido[[18-5]] en la última hora de la acción....
—¡Cómo! ¿Por qué lo decís?
—Porque no ha vuelto del campo, ni la gente que ha estado
hoy a sus órdenes da razón[[18-6]] de él....
30 ¡Ah! ¡Cuánto sufrí aquella noche!
Una esperanza me quedaba.... Que Ramón me estuviese (p19)
aguardando en la ermita de San Nicolás, y que por este motivo
no hubiese vuelto al campamento faccioso.
—¡Cuál será su pena al ver que no asisto a la cita! (pensaba
yo.)—¡ Me creerá muerto!—¿Y, por ventura, tan lejos
05 estoy de mi última hora? ¡Los facciosos fusilan ahora siempre
a los prisioneros; ni más ni menos que nosotros!...
Así amaneció el día siguiente.