Un Capellán entró en mi prisión.

Todos mis compañeros dormían.

10 —¡La muerte!—exclamé al ver al Sacerdote.

—Sí—respondió éste con dulzura.

—¡Ya!

—No: dentro de tres horas.

Un minuto después habían despertado[[19-1]] mis compañeros.

15 Mil gritos, mil sollozos, mil blasfemias llenaron los ámbitos
de la prisión.

V

Todo hombre que va a morir suele aferrarse a una idea cualquiera
y no abandonarla más.