Caí....
No pensé más....
Pero sentía algo como un profundo sueño....
Y soñé que había muerto fusilado.
VI
30 Luego soñé que estaba tendido en una camilla, en mi prisión.
No veía.
Llevéme la mano a los ojos como para quitarme una venda, (p21)
y me toqué los ojos abiertos, dilatados....—¿Me había
quedado ciego?
No....—Era que la prisión se hallaba llena de tinieblas.
Oí un doble de campanas..., y temblé.