Oí unos tiros....
Habían empezado a fusilar.
Tendí la vista...; pero no veía....
30 Me cegaba el dolor; me desvanecía el miedo.
Al fin te distingo....
¡Ibas a morir fusilado!
Faltaban dos víctimas para llegar a ti....
¿Qué hacer?
(p23)
Me volví loco; dí un grito; te cogí entre mis brazos, y, con
una voz ronca, desgarradora, tremebunda, exclamé:
—¡Éste no! ¡Éste no, mi General!...
El General, que mandaba el cuadro, y que tanto me conocía[[23-1]]
05 por mi comportamiento de la víspera, me preguntó: