El gitano se echó a reír, y respondió:

—¡Es claro! Su merced dirá: este gitano es como todos,
y quiere engañarme.—¡No me perdone Dios si miento!—Ayer
ví a Parrón.

20 —Pero ¿sabes tú la importancia de lo que dices? ¿Sabes
que hace tres años que se persigue[[2-2]] a ese monstruo, a ese
bandido sanguinario, que nadie conoce ni ha podido nunca ver?
¿Sabes que todos los días roba, en distintos puntos de estas
sierras, a algunos pasajeros; y después los asesina, pues dice
25 que los muertos no hablan, y que ése es el único medio de que
nunca dé con él la Justicia? ¿Sabes, en fin, que ver a Parrón
es encontrarse con la muerte?

El gitano se volvió a reír,[[2-3]] y dijo:

—Y ¿no sabe su merced que lo que no puede hacer un
30 gitano no hay quien lo haga[[2-4]] sobre la tierra? ¿Conoce nadie[[2-5]]
cuándo es verdad nuestra risa o nuestro llanto? ¿Tiene su
merced noticia de alguna zorra que sepa tantas picardías como
nosotros?—Repito, mi General, que, no sólo he visto a Parrón,
sino que he hablado con él.(p3)

—¿Dónde?

—En el camino de Tózar.

—Dame pruebas de ello.

—Escuche su merced. Ayer mañana hizo ocho días que
05 caímos mi borrico y yo en poder de unos ladrones. Me maniataron
muy bien, y me llevaron por unos barrancos endemoniados
hasta dar con una plazoleta donde acampaban los bandidos.
Una cruel sospecha me tenía desazonado.—«¿Será
esta gente de Parrón? (me decía a cada instante.) ¡Entonces
10 no hay remedio, me matan[[3-1]]!..., pues ese maldito se ha empeñado
en que ningunos ojos que vean su fisonomía vuelvan a
ver cosa ninguna.»

Estaba yo haciendo estas reflexiones, cuando se me presentó
un hombre vestido de macareno[[3-2]] con mucho lujo, y dándome
15 un golpecito en el hombro y sonriéndose con suma gracia, me
dijo: