25 Y, así diciendo, el religioso cubrió su cabeza con la capucha
y se alejó a lo largo del templo.[[31-3]]

—Vámonos[[31-4]] (dijo Rubens.) Yo sé lo que me toca hacer.

—¡Maestro! (exclamó uno de los discípulos, que durante la
30 anterior conversación había estado mirando alternativamente al
lienzo y al religioso.) ¿No creéis, como yo, que ese viejo frailuco
se parece muchísimo al joven que se muere en este cuadro?

—¡Calla![[31-5]] ¡Pues es verdad!—exclamaron todos.

—Restad las arrugas y las barbas, y sumad los treinta años
que manifiesta la pintura, y resultará que el maestro tenía (p32)
razón cuando decía que ese religioso muerto era a un mismo tiempo
retrato y obra de un religioso vivo.—Ahora bien: ¡Dios me
confunda si ese religioso vivo no es el Padre Prior!

Entretanto Rubens, sombrío, avergonzado y enternecido profundamente,
05 veía alejarse al anciano, el cual lo saludó cruzando
los brazos sobre el pecho poco antes de desaparecer.

—¡Él era..., sí!... (balbuceó el artista.)—¡Oh!...
Vamonos.... (añadió volviéndose a sus discípulos.) ¡Ese
hombre tenía razón! ¡Su gloria vale más que la mía!— ¡Dejémoslo
10 morir en paz!

Y dirigiendo una última mirada al lienzo que tanto le había
sorprendido, salió del templo y se dirigió a Palacio,[[32-1]] donde lo
honraban SS. MM. teniéndole a la mesa.[[32-2]]

Tres días después volvió Rubens, enteramente solo, a aquella
15 humilde capilla, deseoso de contemplar de nuevo la maravillosa
pintura, y aun de hablar otra vez con su presunto autor.

Pero el cuadro no estaba ya en su sitio.