En cambio se encontró con que[[32-3]] en la nave principal del templo
había un ataúd en el suelo, rodeado de toda la comunidad,
20 que salmodiaba el Oficio de difuntos....
Acercóse a mirar el rostro del muerto, y vió que era el Padre
Prior. —¡Gran pintor fué!... (dijo Rubens, luego que la sorpresa
y el dolor hubieron cedido lugar a otros sentimientos.)—¡Ahora
25 es cuando más se parece a su obra!
Madrid, 1858.
(p33)
EL AFRANCESADO
I
En la pequeña villa del Padrón, sita en territorio gallego,[[33-1]] y
allá por el año[[33-2]] del 1808, vendía sapos y culebras y agua llovediza,[[33-3]]
a fuer de legítimo boticario, un tal GARCÍA[[33-4]] DE PAREDES,
misántropo solterón, descendiente acaso, y sin acaso,[[33-5]] de aquel
05 varón[[33-6]] ilustre que mataba un toro de una puñada.
Era una fría y triste noche de otoño. El cielo estaba encapotado
por densas nubes, y la total carencia de alumbrado terrestre
dejaba a las tinieblas campar por su respeto[[33-7]] en todas las
calles y plazas de la población.
10 A eso de las diez de aquella pavorosa noche, que las lúgubres
circunstancias de la patria hacían mucho más siniestra, desembocó
en la plaza que hoy se llamará[[33-8]] de la Constitución un silencioso
grupo de sombras, aun más negras que la obscuridad de
cielo y tierra, las cuales avanzaron hacia la botica de García de
15 Paredes, cerrada completamente desde las Ánimas,[[33-9]] o sea desde
las ocho y media en punto.