Quién[[35-4]] había contado los amores secretos de Napoleón;
20 quién la noche del 2 de Mayo[[35-5]] en Madrid; cuál[[35-6]] la batalla de
las Pirámides;[[35-7]] cuál otro la ejecución de Luis XVI.[[35-8]]

García de Paredes bebía, reía y charlaba como los demás, o
quizás más que ninguno;[[35-9]] y tan elocuente había estado en favor
de la causa imperial, que los soldados del César[[35-10]] lo habían
25 abrazado, lo habían vitoreado, le habían improvisado himnos.

—¡Señores! (había dicho el boticario): la guerra que os
hacemos los españoles es tan necia como inmotivada. Vosotros,
hijos de la Revolución, venís a sacar a España[[35-11]] de su tradicional
abatimiento, a despreocuparla, a disipar las tinieblas religiosas,
30 a mejorar sus anticuadas costumbres, a enseñarnos esas utilísimas
e inconcusas «verdades de que no hay Dios, de que no hay
otra vida, de que la penitencia, el ayuno, la castidad y demás
virtudes católicas son quijotescas[[35-12]] locuras, impropias de un pueblo
civilizado, y de que Napoleón es el verdadero Mesías, el (p36)
redentor de los pueblos, el amigo de la especie humana....»
¡Señores! ¡Viva el Emperador cuanto yo deseo que viva!

—¡Bravo, vítor!—exclamaron los hombres del 2 de Mayo.

El boticario inclinó la frente con indecible angustia.

05 Pronto volvió a alzarla, tan firme y tan sereno como antes.

Bebióse un vaso de vino, y continuó:

—Un abuelo mío, un García de Paredes, un bárbaro, un
Sansón,[[36-1]] un Hércules, un Milón de Crotona,[[36-2]] mató doscientos
franceses en un día.... Creo que fué en Italia. ¡Ya veis que
10 no era tan afrancesado como yo! ¡Adiestróse en las lides contra
los moros del reino de Granada; armóle caballero el mismo
Rey Católico,[[36-3]] y montó más de una vez la guardia en el Quirinal,[[36-4]]
siendo Papa nuestro tío Alejandro Borja![[36-5]] ¡Eh, eh!
¡No me hacíais tan linajudo!—Pues este DIEGO GARCÍA DE
15 PAREDES, este ascendiente mío..., que ha tenido un descendiente
boticario, tomó a Cosenza y Manfredonia; entró por
asalto en Cerinola, y peleó como bueno[[36-6]] en la batalla de Pavía![[36-7]]
¡Allí hicimos prisionero a un rey de Francia, cuya espada ha
estado en Madrid cerca de tres siglos, hasta que nos la robó
20 hace tres meses ese hijo de un posadero que viene a vuestra
cabeza, y a quien llaman Murat![[36-8]]

Aquí hizo otra pausa el boticario. Algunos franceses demostraron
querer contestarle; pero él, levantándose, e imponiendo
a todos silencio con su actitud, empuñó convulsivamente un
25 vaso, y exclamó con voz atronadora:

—¡Brindo, señores, porque maldito sea mi abuelo, que era
un animal, y porque se halle ahora mismo en los profundos
infiernos!—¡Vivan los franceses de Francisco I[[36-9]] y de Napoleón
Bonaparte!