—Poned otros once.
(p39)
—Once a la izquierda....—dictó García de Paredes.

Y Celedonio repitió:

Crédito, once.

—¿Y vos?—interrogó el farmacéutico por el mismo orden[[39-1]]
05 seguido anteriormente.

—Yo ... quince.

—Yo ... veinte.

—Yo ... ciento.

—Yo ... mil—respondían los franceses.

10 —¡Ponlos todos a diez, Celedonio!... (murmuró irónicamente
el boticario.)—Ahora, suma por separado[[39-2]] las dos
columnas.

El pobre joven, que había anotado las cantidades con sudores
de muerte, vióse obligado a hacer el resumen con los dedos,
15 como las viejas. Tal era su terror.