05 Estábamos bajo unas higueras cubiertas ya de hojas, y a la
orilla de un hermoso torrente.
—¡A ver,[[57-1]] abuelito!... (dije, sentándome sobre la hierba.)
Cuénteme V. lo que ha pasado aquí.
—¡Cómo!¿Usted sabe....—replicó él, estremeciéndose.
10 —Yo no sé más ... (añadí con suma calma), sino que aquí
ha muerto un hombre...; ¡y de mala muerte, por más
señas![[57-2]]
—¡No se equivoca V., señorito, no se equivoca usted!—Pero
¿quién le ha dicho...?
15 —Me lo dicen sus oraciones de V.
—¡Es mucha verdad! Por eso rezaba.
Miré tenazmente la fisonomía del minero, y comprendí que
había sido siempre hombre honrado.—Casi lloraba, y su rezo
era tranquilo y dulce.
20 —Siéntese V.[[57-3]] aquí, amigo mío....—le dije, alargándole
un cigarro de papel.[[57-4]]
—Pues verá V., señorito....—Vaya,[[57-5]] ¡muchas gracias!— ¡Delgadillo[[57-6]]
es!...