Para no cansar a V., señorito: en aquella disposición, medio
desnudo, hambriento..., bamboleándose, muriéndose...,
¡anduvo el infeliz cinco leguas!...

¡Cinco leguas, señor!...—¿Sabe V. los pasos que tienen
30 cinco leguas?—Pues es desde Fiñana hasta aquí....—¡Y a
pie!... ¡descalzo!...

¡Piénselo V.!... ¡Un hombre fino, un joven hermoso y
blanco como una mujer, un enfermo, después de seis meses de
tercianas!... ¡y con la terciana en aquel momento mismo!...
(p60)
—¿Cómo pudo resistir?

—¡Ah! ¡No resistió!...

—Pero ¿cómo anduvo cinco leguas?

—¡Toma! ¡A fuerza de bayonetazos!...

05 —Prosiga V., abuelo.... Prosiga V.

—Yo venía por este barranco, como tengo de costumbre,[[60-1]]
para ahorrarme terreno, y ellos iban por allá arriba, por el camino.
Detúveme, pues, aquí mismo, a fin de observar el remate
de aquel horror, mientras fingía picar un cigarro[[60-2]] negro de los
10 de entonces....

Iwa jadeaba como un perro próximo a rabiar.... Venía con
la cabeza descubierta, amarillo como un desenterrado, con dos
rosetas encarnadas en lo alto de las mejillas y con los ojos
llameantes, pero caídos...: ¡hecho,[[60-3]] en fin, un Cristo en la
15 calle de la Amargura[[60-4]]!...

¡Mí querer morir![[60-5]] ¡Matar a mi, por Dios!—balbuceaba
el extranjero con las manos cruzadas.