—¡Estas son mis calabazas!—¡Prenda V. a ese hombre!
Y señalaba al revendedor.
15 —¡Prenderme a mí! (contestó el revendedor, lleno de sorpresa
y de cólera.)—Estas calabazas son mías; yo las he
comprado....
—Eso podrá V. contárselo al Alcalde—repuso el tío
Buscabeatas.
20 —¡Que no![[71-2]]
—¡Que sí!
—¡Tío ladrón![[71-3]]
—¡Tío tunante!
—¡Hablen Vds. con más educación,[[71-4]] so indecentes![[71-5]] ¡Los
25 hombres no deben faltarse[[71-6]] de esa manera!—dijo con mucha
calma el polizonte, dando un puñetazo[[71-7]] en el pecho a cada
interlocutor.
En esto ya había acudido alguna gente, no tardando en presentarse
también allí el Regidor encargado de la policía de los
30 mercados públicos, o sea[[71-8]] el Juez de abastos, que es su
verdadero nombre.
(p72)
Resignó[[72-1]] la jurisdicción el polizonte en Su Señoría, y enterada
esta digna autoridad de todo lo que pasaba, preguntó al revendedor
con majestuoso acento: