—¿A quién[[72-2]] le ha comprado V. esas calabazas?
05 —Al tío Fulano,[[72-3]] vecino [[72-4]] de Rota....—respondió el
interrogado.
—¡Ése había de ser! (gritó el tío Buscabeatas.) ¡Muy
abonado[[72-5]] es para el caso! ¡Cuando su huerta, que es muy
mala, le produce poco, se mete a robar en la del vecino!
10 —Pero, admitida la hipótesis de que a V. le han robado
anoche cuarenta calabazas (siguió interrogando el Regidor,
volviéndose al viejo hortelano), ¿quién le asegura a V. que
éstas, y no otras, son las suyas?
15 —¡Toma! (replicó el tío Buscabeatas.) ¡Porque las
conozco como V. conocerá a sus hijas, si las tiene!—¿No ve
V. que las he criado?—Mire V.: ésta se llama rebolonda;[[72-6]]
ésta, cachigordeta;[[72-7]] ésta, barrigona;[[72-8]] ésta,
coloradilla; [[72-9]] ésta Manuela..., porque se
parecía mucho a mi hija la menor....
20 Y el pobre viejo se echó a llorar amarguísimamente.
—Todo eso está muy bien ... (repuso el Juez de abastos);
pero la ley no se contenta con que usted reconozca sus calabazas.
Es menester que la autoridad se convenza al mismo tiempo
25 de la preexistencia de la cosa, y que V. la identifique con
pruebas fehacientes....—Señores, no hay que sonreírse....—¡Yo
soy abogado!
¡Pues verá V. qué pronto le pruebo yo a todo el mundo,
sin moverme de aquí, que esas calabazas se han criado en mi
huerta!—dijo el tío Buscabeatas, no sin grande asombro de
30 los circunstantes.
Y soltando en el suelo un lío que llevaba en la mano, agachóse,
arrodillándose hasta sentarse sobre los pies, y se puso a
desatar tranquilamente las anudadas puntas del pañuelo que lo
envolvía.
(p73)
La admiración del Concejal, del revendedor y del corro subió
de punto.[[73-1]]
—¿Qué va a sacar de ahí?—se preguntaban todos.