—Pues eso es lo que yo traigo aqui: el libro talonario de mi
huerta, o sea[[74-1]] los cabos a que estaban unidas estas calabazas
05 antes de que me las robasen.—Y, si no, miren Vds.—Este
cabo era de esta calabaza.... Nadie puede dudarlo....
—Este otro..., ya lo están Vds. viendo..., era de esta
otra.—Este más ancho..., debe de ser de aquélla....
¡Justamente!—Y éste es de ésta.... Ése es de ésa....
10 Ésta es de aquél....
Y en tanto que[[74-2]] así decía, iba adaptando un cabo o pedúnculo
a la excavación que había quedado en cada calabaza al ser
arrancada, y los espectadores[[74-3]] veían con asombro que, efectivamente,
la base irregular y caprichosa de los pedúnculos convenía
15 del modo más exacto con la figura blanquecina y leve
concavidad que presentaban las que pudiéramos llamar cicatrices
de las calabazas.
Pusiéronse, pues, en cuclillas los circunstantes, inclusos
20 los polizontes y el mismo Concejal,[[74-4]] y comenzaron a
ayudarle al tío Buscabeatas en aquella singular comprobación,
diciendo todos a un mismo tiempo con pueril
regocijo:
—¡Nada! ¡Nada! ¡Es indudable! ¡Miren Vds.!—Éste
es de aquí.... Ése es de ahí.... Aquélla es de
25 éste.... Ésta es de aquél....
Y las carcajadas de los grandes se unían a los silbidos de los
chicos, a las imprecaciones de las mujeres, a las lágrimas de
triunfo y alegría del viejo hortelano y a los empellones que los
guindillas daban ya al convicto ladrón, como impacientes por
30 llevárselo[[74-5]] a la cárcel.
Excusado es decir que los guindillas tuvieron este gusto;
que el tío Fulano vióse obligado desde luego a devolver al
revendedor los quince duros que de él había percibido; que el
revendedor se los entregó en el acto al tío Buscabeatas,(p75)
y que éste se marchó a Rota sumamente contento, bien que fuese
diciendo[[75-1]] por el camino:
—¡Qué hermosas estaban en el mercado! ¡He debido
traerme[[75-2]] a Manuela, para comérmela[[75-3]] esta noche y guardar
05 las pepitas!
Noviembre de 1877.