—¡Pobres! ¡De tanto estudiar! Pero a ti debía de darte
vergüenza de trabajar como un peón siendo el más rico del
pueblo, alcalde por añadidura.
(p78)
—Por eso voy solo.... ¡A ver!... Acércame esa
ensalada....
—Sin embargo, convendría que te ayudase alguien. ¡Vas a
echar un siglo[[78-1]] en derribar la Torre, y hasta quizá no sepas
05 componértelas[[78-2]] para volcarla toda!...
—¡No digas simplezas, Torcuata! Cuando se trate de construir
la tapia del corral pagaré jornales, y hasta llevaré un
maestro alarife....—¡Pero derribar sabe cualquiera! ¡Y es
tan divertido[[78-3]] destruir!... ¡Vaya!... ¡quita la mesa y
10 acostémonos!...
—Eso lo dices porque eres hombre. ¡A mí me da miedo y
lástima todo lo que es deshacer![[78-4]]
—¡Debilidades de vieja! ¡Si supieras tú cuántas cosas hay
que deshacer[[78-5]] en este mundo!
15 —¡Calla, francmasón![[78-6]] ¡En mal hora te han elegido alcalde!
¡Verás cómo, el día que vuelvan a mandar los realistas,
te ahorca el Rey absoluto!
—¡Eso ... lo veremos! ¡Santurrona! ¡Beata! ¡Lechuza!
¡Vaya!: apaga esa luz, y no te santigües más...,
20 que tengo[[78-7]] mucho sueño.
Y así continuaban los diálogos hasta que se dormía uno de
los dos consortes.
II
Una tarde regresó de su faena el tío Hormiga, muy preocupado
y caviloso, y más temprano que de costumbre.