25 Su mujer aguardó a que despachase a los mozos de labor
para preguntarle qué tenía, y él respondió enseñándole un tubo
de plomo con tapadera por el estilo del cañuto[[78-8]] de un licenciado
del ejército; sacó de allí, y desarrolló cuidadosamente, un
amarillento pergamino escrito en caracteres muy enrevesados, y
30 dijo con imponente seriedad:

—Yo no sé leer, ni tan siquiera[[78-9]] en castellano, que es la(p79)
lengua más clara del mundo; pero el diablo me lleve si esta escritura
no es de moros.

—¿Es decir, que la has encontrado en la Torre?

—No lo digo sólo por eso, sino porque estos garrapatos no
05 se parecen a ninguno de los que he visto hacer a gente cristiana.

La mujer de Juan Gómez miró y olió el pergamino, y exclamó
con una seguridad tan cómica como gratuita:

—¡De moros es!

Pasado un rato, añadió melancólicamente.

10 —Aunque también me estorba a mí lo negro,[[79-1]] juraría que
tenemos en las manos la licencia absoluta[[79-2]] de algún soldado de
Mahoma,[[79-3]] que ya estará en los profundos infiernos.

—¿Lo dices por el cañuto de plomo?

—Por el cañuto lo digo.