—¿Qué pecado puede haber, grandísima tonta?

—No sé explicártelo.... Pero los tesoros me habían parecido
siempre cosa del demonio, o de duendes.... Además,
30 ¡tomaste a censo aquel terreno por tan poco rédito al año!...
¡Todo el pueblo dice hubo trampa[[80-10]] en el tal negocio!

—¡Eso es cuenta del secretario y de los concejales! Ellos
me hicieron la escritura.

—Por otro lado, tengo entendido[[80-11]] que de los tesoros hay
que dar parte al Rey....
(p81)
—Eso es cuando no se hallan en terreno propio, como éste
mío....

—¡Propio! ¡Propio!... ¡A saber[[81-1]] de quién sería esa
torre que te ha vendido el Ayuntamiento!

05 —¡Toma! ¡Del Moro!

—¡A saber quién sería ese Moro!... Por de pronto,[[81-2]]
Juan, las monedas que el Moro escondiera en su casa, serían
suyas o de sus herederos; no tuyas, ni mías....

—¡Estás diciendo disparates! ¡Por esa cuenta, no debía
10 yo ser alcalde de Aldeire, sino el que lo era el año pasado
cuando se pronunció Riego![[81-3]] ¡Por esa cuenta, habría que
mandar[[81-4]] todos los años a África, a los descendientes de los
moros, las rentas que produjesen las vegas de Granada, de
Guadix[[81-5]] y de centenares de pueblos!...

15 —¡Puede que[[81-6]] tengas razón!... En fin, ve a Ugíjar, y el
compadre te aconsejará lo mejor en todo.

III