DON GONZALO. ¡El paseo es público!

DOÑA LAURA. Entonces no se queje usted de que le quiten el asiento los curas.

DON GONZALO. Señora, no estamos presentados. No sé por qué se toma usted la libertad de dirigirme la palabra. Sígueme, Juanito.

Se van los dos por la derecha.

DOÑA LAURA. ¡El demonio del viejo! No hay como llegar a cierta edad para ponerse impertinente. Pausa. Me alegro; le han quitado aquel banco también. ¡Anda! para que me espante los pajaritos.[157] Está furioso… Sí, sí; busca, busca. Como no te sientes en el sombrero…[158] ¡Pobrecillo! Se limpia el sudor… Ya viene, ya viene… Con los pies levanta más polvo que un coche.

DON GONZALO. Saliendo por donde se fué y encaminándose a la izquierda. ¿Se habrán ido los curas, Juanito?

JUANITO. No sueñe usted con eso, señor. Allí siguen.

DON GONZALO. ¡Por vida…! Mirando a todas partes perplejo. Este Ayuntamiento, que no pone más bancos para estas mañanas de sol… Nada, que me tengo que conformar con el de la vieja. Refunfuñando, siéntase al otro extremo que doña Laura, y la mira con indignación. Buenos días.

DOÑA LAURA. ¡Hola! ¿Usted por aquí?

DON GONZALO. Insisto en que no estamos presentados.