DOÑA CLARINES. ¿Es viejo?

TATA. No, señora, que es mozo.

DOÑA CLARINES. Pues que trabaje.

TATA. ¡Que trabaje usted, hermano! Cierra la mirilla de un golpe fuerte, sobresaltando a Daría aún más de lo que está. ¡Que bien trabajo yo,[28] con mis setenta a las espaldas! Se va por la puerta de la izquierda.

DOÑA CLARINES. Acérquese usted. Daría no se da por entendida. Que se acerque usted; ¿no me oye?

DARÍA. A Marcela. ¿Es a mí?

MARCELA. A usted, sí; a usted. Acérquese a la señora.

Daría se acerca a doña Clarines.

DOÑA CLARINES. ¿Cómo se llama usted?

DARÍA. Daría; para servir a usted.