DARÍA. No entra, no, señora.
DOÑA CLARINES. ¿Cómo que no entra?
MARCELA. No entra, no.
DOÑA CLARINES. ¿Y por qué no ha de entrar? Yo lo mando.
DARÍA. Desde la puerta del foro. ¡Crispín! ¡La señora te manda entrar! Pausa. Dice que no que no con la cabeza.
MARCELA. Y no entra, no; es el segundo intento.[29]
DOÑA CLARINES. ¿Pues a qué ha venido Crispín?
DARÍA. A acompañarme.
DOÑA CLARINES. ¡Bah! ¿Qué edad tiene usted? Daría titubea atribulada y echa a andar de nuevo hacia el foro. A la voz de doña Clarines se detiene. ¡Sin preguntárselo a Crispín! ¡Tampoco lo sabe! ¿Pero usted no sabe nada?
DARÍA. Nada; para servir a usted.