DOÑA CLARINES. Casi lo prefiero. Entre no saber nada y saber poco y mal, mejor es la ignorancia absoluta. Así la podré moldear a mi gusto, aunque sea a coscorrones.

DARÍA. Sí, señora.

DOÑA CLARINES. ¿Tiene usted novio?

DARÍA. Aquí, no: en el pueblo. Pero lo puedo dejar, si quiere la señora.

DOÑA CLARINES. ¿Yo? ¡Dios me libre!

DARÍA. No me tira mucho.

DOÑA CLARINES. Allá usted. En no distrayéndola[30] de sus obligaciones… Mire usted, que se vaya Crispín o que entre; pero que no esté como una sombra chinesca por el corredor. Por más que, aguarde un poco, y se irá usted también con él. ¿Cuánto tiempo hace que no se lava usted?

DARÍA. ¿La cara?

DOÑA CLARINES. No: usted, de arriba abajo.

DARÍA. ¡Uh!…