MARCELA. Como no sabe la edad que tiene…

DOÑA CLARINES. Pues en mi casa la limpieza es la primera condición que exijo.

DARÍA. Sí, señora.

DOÑA CLARINES. Y la segunda, trabajar mucho y bien; que para eso las pago a ustedes mejor que nadie.

DARÍA. Sí, señora. Yo haré todo lo que sea menester.

DOÑA CLARINES. No le queda a usted otro recurso. De lo contrario, en la calle sopla un aire muy fresco. Las puertas de mi casa son mucho más anchas para salir que para entrar.—Marcela, acompaña a esta mujer allá dentro, que suelta un tufillo a algarrobas que marea.

DARÍA. Sí, señora.

DOÑA CLARINES. Y vuelve en seguida, que tenemos que hablar.

DARÍA. ¿Manda algo más la señora?

DOÑA CLARINES. Nada, nada. Que se vaya usted con la señorita.