DOÑA CLARINES. ¿Qué le dijo usted?

ESCOPETA. Lo mismito que usté me encargó. Como si lo yevara impreso.[33] Le dije, digo… le dije: «De parte de mi señora doña Clarines, que no es esto lo que eya ha pedío; que agua der poso ya tiene eya bastante en su casa, y que se vaya usté a robá a Despeñaperros.» ¿No era así?

DOÑA CLARINES. Así era. ¿El contestó algo?

ESCOPETA. Rascándose la cabeza. Contestó, contestó. ¿No había e contestá?[34]

DOÑA CLARINES. ¿Qué contestó? Escopeta vuelve a rascarse la cabeza, y trata de hablar y se contiene, ante la dificultad de decirle a doña Clarines la desvergüenza que le ha contestado el boticario. La señora se da cuenta de ello, y lo libra del compromiso. Bien está. Toda la vida ha sido un mala lengua ese boticario.

TATA. ¡Aaaaah! Siempre habla el que tiene por qué callar.[35]

ESCOPETA. ¿No se le ofrese a usté otra cosa?

DOÑA CLARINES. Que se acueste usted.

ESCOPETA. Como las balas.

DOÑA CLARINES. Escuche usted.