ESCOPETA. Señora.

DOÑA CLARINES. Antes de acostarse, asómese usted al postigo y dígale al sereno que ya tengo la seguridad de que es él mismo quien por las tapias de la huerta me roba las frutas.

ESCOPETA. ¿Ar sereno?

DOÑA CLARINES. Al sereno, sí.

ESCOPETA. ¿Y eso na más?

DOÑA CLARINES. Nada más. Vaya usted con Dios.

ESCOPETA. Güenas noches. ¡To será que no duerma en mi cama![36] Márchase decidido por donde llegó.

DOÑA CLARINES. Parece listo este Escopeta.

TATA. Sí, señora; pero muy así… muy movido él. Es hijo del que ha tomado ahora la cantina de la estación. También andaluz. Les durará poco la cantina.

DOÑA CLARINES. ¿Por qué?